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Drones

Encuadrar un bien sin filmar a los vecinos

5 min de lecturaL'équipe Fox Rider
Urbanización vista casi en vertical: casas adosadas, jardines estrechos y setos que marcan cada lindero

El vecindario visto desde el dron casi siempre se trata como una cuestión jurídica. Lo es, y la abordamos aparte en lo que dice la ley sobre filmar personas. Pero antes de ser un problema de derecho es un problema de encuadre, y esa es una buena noticia, porque un problema de encuadre se resuelve antes y gratis.

La diferencia cabe en una frase: están los que filman ancho y luego difuminan, y los que encuadran de modo que no haya nada que difuminar. Los segundos entregan imágenes más limpias, más rápidas de montar y sin discusión posible. Así lo hacen.

Subir no es alejar: es recoger más

Es el error de razonamiento más frecuente. Se cree que al subir se aleja el sujeto, como si se retrocediera. En realidad un aparato que sube conserva el mismo ángulo de campo y lo proyecta sobre una superficie en el suelo que crece con la altura. Doblar la altura es doblar la anchura de lo que entra en el encuadre, es decir, cuadruplicar la superficie filmada, y entrar en casa de mucha más gente.

De ahí una disciplina sencilla, que coincide además con la llamada regla del uno por uno que recuerda nuestro artículo sobre las autorizaciones que firmar: no subir más alto que la distancia que le separa del lindero de la propiedad. En una parcela estrecha eso significa volar bajo, y volar bajo da mejores imágenes de un inmueble, porque el edificio conserva su altura en lugar de aplastarse.

Centro urbano visto desde el aire en oblicuo, edificios antiguos apretados a lo largo de una avenida arbolada

Filmar hacia el bien, nunca desde el bien

La segunda regla es una cuestión de posición. Un aparato situado sobre el jardín del vecino y apuntado a la casa en venta filma, en el mismo encuadre, todo lo que sobrevuela. El mismo plano, rodado desde la calle o desde el campo y dirigido hacia el interior de la parcela, muestra exactamente el mismo bien con su propio lindero detrás y nada más.

Ese cambio no cuesta nada: es el mismo vuelo, hecho desde el otro lado. Se decide en el reconocimiento, buscando los dos o tres ejes que tienen el bien en primer plano y el vacío detrás: un campo, una carretera, un tejado de garaje, el cielo. En un bien rodeado por todos lados casi siempre existe al menos uno; ese es el que se retiene, aunque no sea el más favorecedor.

Bloques de viviendas vistos desde el aire, fachadas alineadas y ventanas visibles hasta el borde del encuadre

La rotación: saber dónde pararla

Una órbita completa alrededor de una casa barre, por construcción, 360 grados de vecindario. Es la trayectoria más arriesgada del repertorio y también la que se lanza con más facilidad, porque un modo automático la ofrece. El cuarto de vuelta, en cambio, solo barre un sector, y ese sector se elige.

En la práctica se anotan en el reconocimiento dos direcciones: aquella en la que el movimiento empieza y aquella en la que se detiene, ambas del lado despejado. La rotación se para antes de que el encuadre alcance el lindero, no cuando ya lo ha cruzado. Una parada franca diez grados antes es invisible en el montaje; un exceso se ve en el primer visionado.

El gran angular abarca más de lo que usted cree

Los drones compactos llevan un objetivo ancho. En pantalla se sigue al sujeto en el centro y la mirada nunca va a las esquinas, que es precisamente donde está lo que no se quería filmar. La comprobación dura diez segundos: una vez a la altura prevista, hacer girar el aparato sobre sí mismo y mirar qué entra, antes de lanzar la primera toma. Es el único momento en que se descubre la piscina del vecino sin que sea un problema.

Urbanización al borde del campo vista desde el aire, las últimas casas y luego campos hasta el horizonte

Lo que se arregla en el montaje y lo que no

Recortar funciona, pero cuesta definición, y un vídeo ya recortado dos veces no tiene mucho más que dar. Difuminar también funciona, y siempre se nota: una mancha móvil en medio de un plano aéreo atrae la mirada mucho más que lo que oculta. Ralentizar u oscurecer no elimina nada. Solo queda un gesto realmente limpio, y es cortar, es decir perder el plano.

Dicho de otro modo, cada solución de montaje equivale a pagar, en calidad o en duración, una decisión que habría sido gratuita tres segundos antes del despegue. Justamente por eso el encuadre se resuelve en el aire y el derecho en el suelo, y nunca al revés.

Cinco reflejos que eliminan el problema

  • Volar más bajo que la distancia que le separa del lindero, y aceptar que eso limita la altura disponible.
  • Buscar en el suelo los ejes que tienen el bien delante y el vacío detrás, y anotarlos.
  • Sustituir la órbita completa por un cuarto de vuelta cuyos dos extremos se deciden de antemano.
  • Dar una vuelta sobre sí mismo a la altura prevista antes de la primera toma, para ver qué entra en el encuadre.
  • Rechazar un plano en vez de contar con el difuminado: el vídeo perderá un segundo, el expediente ganará una objeción menos.

Dron en silueta ante una ciudad al anochecer, torres oscuras y cielo anaranjado

Estos cinco reflejos no sustituyen los acuerdos escritos ni las reglas de sobrevuelo, que siguen debiendo comprobarse lugar por lugar antes de prometer una imagen. Simplemente hacen que la cuestión casi no se plantee. Para profundizar en el encuadre, las composiciones aéreas tratan la composición propiamente dicha; y si prefiere confiar el rodaje, describa el bien y su entorno en una solicitud en contexto inmobiliario: la cuestión del vecindario está entre las primeras que planteo.

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